Cómo perder el miedo a sentirte mal: mi versión sobre la inteligencia emocional

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El otro día leí esta frase:

Tienes comodidad. No lujo. Y no me digas que es por el dinero. El lujo al que me refiero no tiene nada que ver con el dinero. No se puede comprar. Es la recompensa de aquellos que no tienen miedo a la incomodidad.

Jean Cocteau. Poeta, novelista, dramaturgo, crítico y cineasta francés.

 

Y me llamó la atención la última frase. La “recompensa de aquellos que no tienen miedo a la incomodidad”. Porque eso es lo que intento conseguir con las personas que trabajan conmigo: que pierdan el miedo a la incomodidad. O, más concretamente, a las “emociones incómodas”.

 

La culpa,

La vergüenza,

La tristeza,

La ira o el enfado,

El aburrimiento,

O incluso el mismo miedo..

 

Son mal llamadas emociones “negativas”. No estoy de acuerdo. Son desagradables, sí. Incómodas. Pero no negativas. No hay emociones negativas. Todas las emociones son mensajes. Mensajes que te indican si te estas acercando o alejando de quien eres y de lo que quieres. Las emociones agradables (alegría, por ejemplo), te indican que vas por el buen camino. Las emociones incómodas te están indicando que tienes algo que aprender: sobre ti, sobre lo que quieres, sobre tu mundo. Entender esto y el mensaje concreto que cada emoción te quiere mostrar es lo que yo llamo inteligencia emocional.

 

Y estas emociones van a surgirte continuamente en tu vida. Por una razón o por otra. Y, si no sabes descifrar el mensaje que te intentan transmitir, aparecerán en tu vida una y otra vez. Hasta que descifres su mensaje.

 

Y puede que no sepas que aparecen por la misma razón, porque no sabes en concreto por qué aparecen. Pero lo intuyes porque:

 

Te has sentido de esta manera varias veces en tu vida o

Repites situaciones con parejas o trabajos, o

Cierta persona te provoca esas emociones una y otra vez.

 

Pero, en el fondo, da igual que sea por la misma razón o por otra distinta. Lo importante es aprender a descifrar el mensaje de tus emociones.

 

Y ahí empieza mi trabajo.

 

Porque las emociones son y siempre van a ser parte de tu vida. Y no son malas. Pero a veces les tenemos miedo, porque son incómodas.

 

Así que lo primero es convertir ese miedo en curiosidad (o incluso entusiasmo) por saber qué nos están queriendo decir.

 

Y créeme que una vez eres capaz de ver el mensaje de tus emociones, el miedo se disipa. Y te gusta saber más de ti. Sigues pasándolo mal cuando tienes culpa, o tristeza, o enfado, pero la intensidad es menor. Y la duración también porque sabes salir, sabes lo que tienes que hacer para retomar el camino correcto.

 

Esa es la recompensa para aquellos que pierden el miedo a la incomodidad…emocional.

 

 

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